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antes muertos que sencillos

EFE

sofisticado, da.
(Del part. de sofisticar).
1. adj. Falto de naturalidad, afectadamente refinado.
2. adj. Elegante, refinado.

Se quejaba Platón de que los sofistas eran unos pelmazos. Son unos cansinos que van de listos, opinan de todo y meten unos rollos que se raja hasta la gorgona, decía abriéndose una lata de Duff. Lo peor es cuando te invitan a una boda y te sientan en la misma mesa que tu cuñado el sofista. Que si los gambones están así, que si el ternasco asá…

En cambio hoy en día a la sofisticación le disgusta la dialéctica, prefiere hacer uso de un vocabulario que no exceda de las cien palabras, ochenta más de las necesarias para entenderte en los fiestones en Marbella. Alguien sofisticado, sea hombre, mujer o cabra hispánica, debe carecer de glándulas sudoríparas y poseer la suficiente liquidez para adquirir cosméticos que le disimulen la simpleza. La sofisticación sale por un huevo y es más cara cuanto más tonto eres. En cualquier caso, yendo de minimalista o recargado como un trono sevillano, el afán es distanciarse con la celeridad de Speedy González de la vulgaridad, una cosa asimilada a la gente de barrio que bebe cañas y trabaja.

La RAE, a la que algunos conceden más autoridad que al Cosmopolitan, antepone la acepción negativa, pero es que la RAE tiene muy mala uva, y aunque viste como la Señorita Rottenmeier la ropa interior la lleva de Andrés Sardá.

Por su parte la horterez, que viene a ser la prima pobre, aguarda agazapada en los rotring de los diseñadores a que lleguen los festivales, las entregas de premios y las bodas. Al final nos sobran los tules y los huevos fritos con nitrógeno pero nos falta estilo, elegancia, y lo que es peor, personalidad.

Ir vaporosa, descalza y de amarillo no es suficiente. Si hay próxima vez, que ojalá no porque la Merkel nos prohíba participar en nada que quede al norte de Andorra, prescindamos de la imagen de hada lasciva y de evocar artificiosamente a celtas o carpetovetones. Ya somos guapos siendo como somos. Dediquémonos exclusivamente a cantar, que sí son jotas siempre lo haremos mejor los daneses.

An elegant beauty. William Clark Wontner
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sólo menstrúan las chicas altas


Aquí, un servidor, que posee un vulgarísimo cariotipo 46XY y lo que es peor, no tiene ni la mínima idea de para lo que sirve, no ostenta en absoluto una intachable hoja de servicios. Sé por ejemplo cuanto defraudé a aquella divina cuarentona que me arrinconó en los lavabos de la Scratch, de eso hace ya treinta y un años, y que poco pudo hacer conmigo salvo tranquilizarme asegurándome entre jadeos que su marido, un sargento de ingenieros con mostacho y el pelo mojao para atrás, estaba entretenido en la barra discutiendo con un colega de si Shuster jugaba mejor delante que en el centro. 

El caso es que llevo las tres cuartas partes de mi vida admirando a las mujeres, e incluyo a aquella rubiecita con tirabuzones y zapatos blancos de charol que posiblemente me indujo a tomar la primera comunión en pecado, de pensamiento, aclaro, y llevaba toda la catequesis buscándome haciendo globitos rosas con sus chicles Bazooka.

Con esa suma de dulces y amargas taquicardias me considero pues una autoridad. Además la fortuna me ha hecho compañero de una mujer digna de ser retratada por Modigliani, Degás y Romero de Torres, todos a la vez y dándose de hostias, lo que hace totalmente innecesario que gire la cabeza cuando me cruzo con una odalisca por la calle. Sépanlo las odaliscas y no se consideren agraviadas.

Así es como a estas alturas de la cincuentena tímidamente me atrevo a opinar sobre damas y belleza, e igualmente y si se me permite, hacerlo de paso y ya que estoy, sobre los ciclos menstruales y sus paliativos.

Hasta donde modestamente entiendo sé que esa incómoda anécdota que les lleva a consumir productos de farmacia desde los trece a los cincuenta y tantos y que, con la excepción de las princesas de Asturias, que pueden ejercer sus roles sin alejarse de palacio, les obliga a compatibilizar sus inaplazables días de sangrado con trabajos, maternidades, exámenes finales, broncas conyugales o misiones de paz en Mogadiscio, es sufrida por igual por flacas, bajitas, misses Venezuela, jugadoras de basket, paradas, actrices porno, gorditas, misioneras de la Consolata y adoradoras de Satán. 

No parecen entenderlo así los publicistas, auténticos putos amos de este globalizado calabozo, que aparentemente ubican el periodo menstrual entre los veinticinco y los veintiséis, y sólo en mujeres vigoréxicas cuya estatura sobrepase el uno con setenta y su peso jamás los cincuenta y cinco kilos.

Tampoco digo que el anuncio deba ser pasto de las llamas, no seré tan cretino de declararme inmune antes todas esas extremidades con zapatos de tacón de colorines. Antes que ejecutar a estos creativos de Evax decapitaría a los que gestaron al niño de los huevos Kinder. Únicamente he querido poner por escrito un mínimo gesto de solidaridad, la bronca que me gustaría oír caso de haber nacido mujer y poseedora una de las máquinas más perfectas y funcionales del planeta. Sin obviar lo de bella, compleja, susceptible e intrigante, ingenio de la naturaleza que, como dice la jota, qual piuma al vento muta d'accento e di pensiero.  


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hacer el "ridícalo"


Esta vez mejor no nos preguntes, estamos muy mal, se nos hunde el suelo del plató, Miliki.

¡Estamos haciendo el "ridícalo"!, a grito pelado se lo decía Miliki a Fofó mientras brotaba un fino chorro de agua de la cañería perforada, directo a la cara y real como la vida, a mí me pasó colocando la cortina de la ducha. Los taladros los carga el diablo. 

Con un martillazo en el pulgar palmoteábamos como focas felices, habrá focas desgraciadas pero no era el caso, yo siquiera me percataba que la tele era en blanco y negro, de crío pedía muy poco así que me lo dieron todo, me pregunto por qué ahora no me funciona ese sistema.

El sketch finalizaba cuando aparecía Gaby, que siempre era el cliente, indignado sacaba una pistola y disparaba al aire, sonaba a petardos del quiosco de tebeos, todos corrían en círculo persiguiéndose con música de trombones y platillos. Después, el mismo Gaby se ponía serio para decirnos que las pistolas no había que tocarlas, un consejo importado porque aquí, en España, nuestros padres no guaraban pistolas en el cajón de la mesilla, pero el caso es que obedecíamos. Posiblemente los etarras jamás vieran los payasos de la tele.

Gracias a Miliki fuimos felices al menos en nuestro día, nos aclaraba que se puede ser "casi divino" sin necesidad de diseños de Gautier, concienciándonos también de que nuestro deber es alimentar a los ratones superdotados. Y mientras tanto otros, gentuza incapaz de tocar un sólo registro de acordeón, envenenaba las bolitas de anís minándonos el futuro, sustrayéndonos porcentaje a porcentaje la madurez y la pensión.  

Peor lo tenía la niña que nunca podía ir a jugar, aunque sólo sea por ella merece la pena que sigamos militando, quemándonos los ojos frente al monitor o los cajeros, depende de las cerillas que tengas en casa.

Ya sé que es un post triste pero no había más remedio, el teclado está húmedo y cabreado, es una putada que se muera un payaso precisamente ahora, cuando hay más cretinos que se merecen un tartazo.


Nota: Quien malescribe pide disculpas por sus enfados todas aquellas veces en las que Miliki dejaba por un ratito las payasadas y se situaba en el centro de la pista cargando con su gigantesco acordeón. Aprendí así, aprendimos, cómo la vida de rato en rato se interrumpe, y según a quien día sí día también, para ponerse triste, o al menos melancólica, y se nos ahogan las carcajadas. Hoy, cayéndome bombas que no me matan pero me putean, desearía enormemente regresar a aquella hermosísima tristeza sentado en el suelo a dos metros del televisor, pero este párrafo no ha sido otra cosa que un instante de debilidad en mi crónica ironía. Queda dicho y continúo pues con la tónica de siempre.

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viendo la tele todavía podemos ser inteligentes



Hemos roto algunas cosas, díselo sino a los rosales de Fukishima, pero como especie quizá no seamos tan pésimos, quítale nuestra tendencia al exterminio y omite los chándales de lycra y verás que el balance no es tan malo.

Poseer cien mil millones de neuronas no deja de ser una ventaja, vinculadas por sus axiones de colores nos permiten ir por la vida de vertebrados divagantes y civilizados, desde Arquímedes corriendo en pelotas por la calle hasta el último video de Marta Sánchez nos lo hemos currado.

En lo que a un servidor respecta las ocho temporadas de House tienen mucho que ver, a la altura de cuando vi a Kenneth Branagh recitar un monólogo de Shakespeare, en inglés, no me enteré mas que de los yeses pero me importó un pito. 

Así las cosas, y hasta la fecha en la que un servidor disponga de posibles para visitar Florencia, habrá de conformarse con experimentar éste tipo de modestas plenitudes, en este caso limitadas a dos dimensiones y treinta pulgadas.

El personaje se tiene que morir, no opino, solicito, y si  así no sucede en postproducción agréguenle un acantilado de Maryland, que por él  se despeñen moto y médico.

Quien suscribe no quiere verle envejecer repuesto ocho veces en las mañanas de agosto tal como hicieron con Chanquete.

Váyase pues, Dr. House y póngame a los pies de sus guionistas.  

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otras navidades rafaélicas


Lo juro por el burrito del portal, este año había prometido a mis difuntas abuelas ser un poquito menos crítico, ir a misa del gallo, darle un besito a mis tías segundas sin montar una pataleta...

Pero me acabo de enterar, la televisión en nochebuena  tendrá por protagonista a ¿San José? ¿al Espíritu Santo? ¿al Rey Melchor?, no, no, nada de secundarios. ¡La estrella será Raphael! ¿Quien mejor?

El vídeo que cuelga aquí abajo corresponde a una gala de navidad emitida hace algunos años por la ITV británica, y no es que tenga yo a Robbie Williams en una estampa bajo el cristal de mi mesilla de noche, pero hasta el mísmisimo Felipe II admitiría el buen ritmo y la frescura de este show originario de la Pérfida Albión.

En cambio los telespectadores españoles fieles a la pública cantaremos una vez más el ropopompon, acompasado por la cucharilla de café de nuestro cuñado hasta que casque la enésima copa de champán, con el consiguiente disgusto del ama de casa, que pasó dos años alimentando a seis personas a base de choped con el único fin de juntar la cristalería completa  del Eroski.
  

Págale a los traidores de una vez.

Me dicen que Viriato ha muerto en prime time y que ha sido una canallada esquinera y españolísima. Sin incorporarse  apenas del triclinium, el cónsul romano finiquitó casi gratis al decano de nuestros libertadores. A saber qué hubiera sido de nosotros si el lusitano hubiese conseguido echar a los latinos a puntapiés Meseta abajo hasta Sagunto.

Quizá hoy nuestro idioma, y por ende el de los tucumanos, caraqueños, bonaerenses y tijuanacos, hubiese sido una suerte paleohispánica intraducible y llena de olcusivas, un coñazo del que estaríamos muy orgullosos pero en el que Cervantes se hubiese vuelto mico para escribir una sola página.

En este caso, y sin que sirva de precedente, admitamos que bien está lo que mal acaba. El triunfo de los malos, siesos y con su plumero en el casco, nos convirtió en una civilización, sembrándonos de puentes y acueductos que, de haber estado solos los hispanos, jamás nos hubiésemos puesto de acuerdo para construir. En Segovia no, dirían los tarraconenses, que ya tienen los cochinillos…

Los guionistas de la serie llevan semanas jurando por Snoopy que sus musas han estado mediatizadas por las exigencias del mass media, ignoro pues a quien habrá que agradecer sus mejores gags, como por ejemplo el que una lusitana del siglo II AC se llame Bárbara, tal como la Rey o la Streisand. 

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La televisión de los nostálgicos.


Apilé con cuidado las cuatro galletas destinadas a morir en el vaso de leche y le di marcha al ordenador que zumbó obediente, tocó la musiquina de Windows y me anunció que el antivirus tal y cual, y cuando por fin pude clicar obre el icono de uno de los cinco periódicos que tengo en el escritorio, se me obligó a visualizar una publicidad en la que un cuarentón con pelo gris distribuía a su señora y a sus hijos en su Audi 3.333 (o 33.333) a lo largo de una ciudad de ensueño en la que todo dios era feliz y sonreía.

Concluido el anuncio leí los titulares; el paro subido a corderetas en los lomos de ZP, el Parlamento de Cataluña vetando la comercialización de aceitunas La Española y una noticia que me ponía sobre aviso de que el Valle de los Caídos está cayéndose a trozos. Culpaban de ello al gobierno rojo, acusando a la vicepresidenta de brujería y denunciando que el PSOE tiene un plan secreto para dinamitar el monumento ayudado por una cuadrilla de rumanos con una furgoneta.

Desde hace más de un año, pormenorizaba el redactor, no es posible visitar la gélida basílica en la que descansa, que ojalá sólo sea un decir, el dictador Francisco Franco. Citaba el texto al presidente cierta fundación cuyos apellidos, merced a que Google está en todo y al tiempo todo está en él, me bastó copipastear para dar con su perfil de Facebook.

Ahí se desparramaron por mi pantalla pataleos, suspiros y quejidos. Retóricas alcanforadas de cuatro sujetos ajenos al siglo que viven, letanías mentando a Pemán, águilas y bandericas, muchas, y entre tanta caspa la foto de éste señor, documentalista considerado, que el otro día y en el programa que dirije llegó a decir que no es cierto que el general Yagüe ordenase una masacre tras la toma de Badajoz en agosto de 1936.

Según dicho programa, fueron los periodistas extranjeros (es evidente hasta qué punto nos odian a los españoles en el extranjero) los únicos responsables de haber sobredimensionado las cifras ya que el generál Yagüe, además de marqués por méritos de guerra, fue un excelente padre de sus hijas, más recto que una vara e incapaz de mandar fusilar a  cuatro mil personas. En todo caso a la mitad.



Como ejemplo éste vídeo, en el que, alabando a Millán Astray, parecen lamentar que los chavales de hoy no se vean en la obligación de luchar en una guerra.
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Cosas que no se decían en 1952.

“Tengo que cerrar el chiringuito”, decía la otra tarde Estela del Val empolvándose la nariz con una elegancia superada sólo por Doña Lucrecia Richmond.

Está desolada, pobre Estela, cuatro falangistas amargados por su disfunción irrumpieron ayer en el teatro para exigir que su obra sea retirada de cartel.

Quien quiera saber más que ponga la 1 a eso de las cuatro, no le prometo las emociones de un diálogo de Tarantino pero a esa hora, frente a la tele, el sopor, como un dulce enamorado, te abraza y acaricia independientemente de lo machote que seas.

Estela del Val es una gran dama, una primera actriz digna de sus guantes color malva a la que me violenta contrariar, pero tengo la impresión de que en 1950 aún no se “cerraban chiringuitos”.

En la posguerra no se cerraban chiringuitos del mismo modo que por un pueblo que tuviese “banda ancha” se hubiese entendido un pueblo con los músicos obesos o al menos tremendamente fanfarrón.

Los mil setecientos ocho guionistas de Amar en Tiempos Revueltos bien podrían hacerse asesorar por sus abuelos, o en su defecto las plazoletas de España rebosan de historiadores amateur expertos en el léxico de uso común en las décadas anteriores a la implantación del frigorífico y el Seat 600.

En esa época la gente que no lograba triunfar no se deprimía en absoluto por su "falta de realización" porque tampoco nadie podía “sentirse realizado”. Tan imposible como que Sancho protestase por los "rollos" que le metia Don Quijote. Hubiese sonado a una práctica sexual digna de la hoguera.

Y a Pérez Galdós le echaría humo la cabeza intentando descifrar qué coño puede significar “violencia de género”, y dudo que llegase a saberlo dado que nada significa. Es una lástima que tantos esfuerzos dedicados a impedir que ciertos energúmenos maltraten a sus mujeres se vean empañados por el trastorno psicolingüistico del politiquillo que oficializó el término.
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Eurovisión; unos malagradecidos con los celtas.

Supongo que nosecuantos países votando no pueden equivocarse, pero también es cierto que somos vulgarmente aficionados a errar en masa, es la pesadilla con la que algunas noches la Democracia se despierta empapada de sudor.

Una inmensa parte de nuestra cultura musical nos llegó desde esas dos enormes islas frikis y lluviosas que navegan al otro lado del Canal, esos paliduchos bebedores de cerveza se inventaron el pop y le pusieron bombín y traje de rayitas, a esos gamberros, nietos de irascibles templadores de gaitas, muchos les debemos la banda sonora de nuestra juventud.

Soy de una generación que se creyó aún más disidente que las otras, que limpiaba los discos con una gamuza, lloraba con el ruido de la aguja cuando un torpe le daba un codazo al tocadiscos y adoraba a David Bowie. Por un LP hubiésemos sido capaces de estrangular al ratón Mickey.

Así que no lo puedo evitar, me gusta esta canción que nadie quiso, que depreciaron herzegovinos, rusos, moldavos y letones.

Hace diecisiete años esta rotunda irlandesa (ya era rotunda entonces) convenció y ganó el mismo festival que este año la marginó hasta la antepenúltima casilla.

Es lo que hace que cualquiera pueda teclear un sms. Y aunque la Kavanagh no recibiese el mío, quiero decirle de corazón que siempre he pensado que, donde estén una pelirroja y una flauta, que se quiten todas esas eslavas feroces y sus seductoras miradas de loba de la tundra.


somos la p. de sensibles y nos encanta ver llorar.

No se trata de la rifa de un Volkswagen Polo, la tele pública presume en prime time de su amor infinito por las artes escénicas, de ser la madrina de boda de todas y cada una de las musas.

Emisión en crudo, tal vez en directo, de un casting para señoras de buen ver. Los directores dicen haber sido inspirados por Liza Minnelli, se les apareció con su bombín entre
Pinto y Valdemoro.

El escenario exige mucho sacrificio y tendrás que sudar y sufrir, dicen a las aspirantes. Ellas prometen matar y matarse por el show, de su ilusión o desilusión se nutre el espectáculo.


Sí me lo mandan por el pinganillo canto latines o me como el micro, se justifica la presentadora. Pero tú llora, llora pronto guapa o no nos jodes el guión.




Actualización a 19/07/2012: Tras estos 30 segundos de suspenso, y dos años después de la carnicería, nada se sabe del musical para el que estás damas fueron seleccionadas. Menos Punset y Francine Gálvez, la tele es mentira. 
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m i l o n g a .-

La peinan y la estucan entre doce, después sale vestida de Sissi con madreñas y baila un fox descangallao con un pavo guaperas repeinao y depilado.

Le regalan el sueño de millones de mujeres infinitamente más dignas de ese vestido, señoras con “eñe” que se lo curran entre oficinas, cremas de noche, croquetas y Fixpolvo. Sin embargo la susodicha llora, se defiende ante sus incondicionales. "Es que soy de San Blas" -les aclara.

Pero San Blas se desentiende. Quita, quita -dice el hombre-, y añade que lo suyo son las enfermedades de garganta, que las conexiones neuronales se las deja para Dios.

La elegancia es democrática y con ella se nace incluso en el extrarradio, la periferia no es excusa, repartidas por los infinitos barrios de Madrid hay peluqueras que podrían enseñar moldales al mismísimo Príncipe de Beckelar, cajeras de Sepu con más estilo que Ava Gardner.

En cambio la ordinariez es voluntaria, es como enseñar un tirante del biquini por el escote de una camiseta fucsia en la que pone con lentejuelas Wanna be your bitch.

En desagravio pego esta milonga de cine, The Tango Lesson (1997) que quien subscribe vio en los Buñuel, que en paz descansen. Sala 2, creo recordar.

ética periodística y cornadas.

Que Francisco de Goya disfrutase bosquejando a Pepe Hillo no implica nada. También es muy probable que Don Lope se distrajese alguna vez viendo arder herejes.

Por mí pues pueden proscribir los espectáculos taurinos desde el cabo de Hornos a la tierra de los
chukchis, pasando por Quito, Nimes y Linares. Las lagrimitas de los ganaderos no me conmueven ni me creo la pamplina de que sin fiesta se extinguirá la raza. Por Dios, denle a una vaca un toro guapito y con buena conversación y déjense de castas.

Pero lo anterior no quita para que el titular de arriba me parezca repugnante. Hay que tener mala gaita para encabezar una noticia de esa forma. Regresa ya, Juanjo de la Iglesia.

A estas horas, y por fortuna, éste señor cuyo anacrónico oficio es protagonizar espectáculos medievales, parece estar ya fuera de peligro, seguramente gracias a la medicina y no a su estampa torera.


Este blog que no desea que nadie, ni humano ni bovino, muera por las malas, y sí, por supuesto que como carne, faltaría más, pero conservo la fe en las ordenanzas de la FAO, por lo que supongo que se minimalizarán en lo posible los peores ratos de nuestras amigas las vacas. 

Por cierto, y llegado este punto la tolerancia religiosa me importa un huevo. El ganado sacrificado bajo las estrictas normas del Islam (sin aturdimiento previo) lo pasa incivilizadamente mal. Lo peor es que haciéndose las guáis, algunas administraciones claudican poniendo mataderos al efecto.

Hay que ver cómo me he ido de una cosa a la otra, demasiada sangre para un único post, el siguiente prometo que será mucho más bonito.
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Sólo Jordi Hurtado puede salvarnos del meteorito.

Jordi Hurtado
Catódica o de plasma la tele hace puffpuff, los funerales de Espinete fueron soberbios: doce caballos de color rosa tirando del carruaje y García Asensio dirigiendo la sintonía de Curro Jiménez.

El ojo izquierdo de Bowie emite destellos desde la esfera de rizos de la Chamorro, Garci describe las escenas con naranjas de El Padrino, la Colometa llora vestida de luto la calle vacía. 


En el bar de al lado Erquícia entrevista a Ramón y Cajal. Rodríguez de la Fuente se cabrea, y con razón; cuando el águila ya iba a caer sobre el carnero interrumpieron el programa para anunciar la veinteava reposición de Pretty Woman. LLueve a cántaros sobre Vetusta.

Mi vida es televisión, soy un crío en blanco y negro rodeado de piezas de Exin-Castillos mientras saltan chispas de los cuadros de mandos de la Enterprise.

La caja tonta de joven no lo fue tanto, básica y voluminosa presumía de haber llegado mocita a los 25. Su nieta, que es muy delgadita, se vende por un bolso de Louis Vuitton, pero es lo que hay y Belén Estéban menea el dedo índice amenazando al diccionario y a sus cuñadas. Dos cadenas mas allá graban en directo cómo un quinqui  extrae el radiocasete de un Fiat Uno. 


Se solapan las sandeces, en cada botón del mando a distancia un duende malvado tergiversa el dolor, lo íntimo y lo cómico. Nos lo hemos ido buscando, nos confesamos vulgares sin enrojecer, nosotros  mismos llamamos a Pandora insistiéndole con que abriese la caja de una puta vez.

Por eso sabe tan bien el café al tiempo que Jordi Hurtado pregunta a un señor de Salamanca quién fue la complicada amante de Chopin.

Aún existe una remota posibilidad de que nos salvemos. Si el meteorito que planea estamparnos decide hacerlo a la hora de Saber y Ganar quizá cambie de opinión y se desvíe.

Tal vez recuperemos su respeto, o el de Dios, si demostramos que en nuestro mundo no todo es la ambición de un chulo tatuado y ganapán rascándose sus partes en un sofá. Que toda esa mugre se queda en nada cuando la comparas con la maravillosa capacidad de alquien que responde sin titubear a qué colección pertenece el Columpio de Fragonard.


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¡Inmigrantes que la inundan!




-José María Carrascal: …quien está no sólo en las escuelas, en… …eh, eee, ee… …eeh ¡la sanidad! En la sanidad va uno a un consultorio y se encuentra que están delante de él y… …y eh… …ee, eee, ee… …emigrantes, eh… …que la inundan, eee … ¡que la inundan!

-Otro señor interrumpiéndole: ¡y que al final no te atienden! ¡porque no es que digas que vas a tardar más! ¡es que no te atienden…
 

-Varios señores todos a la vez: bla, bre, bla, uuumm, tal, bssss, brrr...

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A menos que en Barrio Sésamo enseñasen cochinas mentiras, que bien podría ser porque es extraño que una rana posea tanta vocación didáctica, entiendo que cualquiera de nostros, cuando llegamos a un sitio, Sr Carrascal, y hablemos de un consultorio, un tren de lavado de coches o un puticlub, podemos encontrarnos con gente que ya estaba allí antes que nostros y que, por tanto, están "delante" nuestro.

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M a i t e n a.-

Aunque cuando diga las noticias ponga cara de canalla, Piqueras no es mal tipo, lo que pasa es que al perder pelo algunos parecemos villanos de ciencia ficción. Pero él no quiere dominar el Planeta, quizá se torne excesivamente grave cuando habla de lo que hay, pero es el patio el que está así y según con qué crónicas no vale ir de cachondillo.

En realidad yo no entré aquí para hablar de Piqueras, que daba ya las cifras del paro cuando se pagaba en pesetas, lo que quiero es protestar porque nadie avisó de que llegaba Maitena.

Y era como para una sesión plenaria de las Cortes, hay que ver a esta chica leer en el prompter con esos ojazos, y cómo te habla del fondo de la curva de la crisis y de las once fábricas de neveras que cerraron, y aún así te alegra el día.
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la chavalica del spot de Hugo Boss.


Qué anuncio más mono sin necesidad de que la chiquilla enseñe siquiera el canalillo. Qué ojicos pone y qué pocholadas hace con la boquita, me inquieto como un boy-scout mirándole tender las bragas a la vecina.

No la había visto nunca antes, para mí era nueva en el barrio, supuse que era una moza que estaba empezando. Incluso estuve por preguntarle a Casquero, el del restaurante del polígono, si necesitaba camareras, que una chica así atraería gente y sólo por comer aquí los transportistas se desviarían aunque viniesen de Stalingrado.

Y es que las personas mayores somos un poco ignorantes, porque después busqué en Google y resulta que esta señora, que se llama Sienna Miller, es modelo y diseñadora de alta costura, está montada en el dólar, en el dracma y en el yen, fue la legítima de Jude Law y el rollete de Daniel Craig (el agente 007 torpe). Dicen las lenguas que por ella incluso se hizo tocamientos James Blunt (el de aquella famosa canción de James Blunt).
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el colega del spot de Paco Rabanne.


A este chavalote le basta chasquear los dedos para que su deportivo encienda los faros y acuda a recogerlo a la puerta de casa.

Impresiona pero no es para tanto. Ya hace mucho que un servidor enseñó a la gata a subir el coche del garaje e incluso pasarle un pañito mientras bajo.

Le basta también con hacer chas para que, en menos de un segundo, se deslice sugerentemente hasta el suelo el sugerente vestido de una sugerente rubia de piernas sugerentes.


Tampoco es gran cosa. De forma parecida, si bien haciendo uso de más dedos, y sobre todo de más tiempo, hablo de días o quizá meses, yo también puedo conseguir algo remotamente similar a eso.

Lo que me tiene roto es ver cómo lo único que tiene que hacer es volver a chasquearlos para que inmediatamente caiga a sus pies una bolsa llena de billetes de dólar.

Por lo que pueda ser ya tengo tres cajas de One Million de Paco Rabanne en el armarito del baño, y otras tres en el maletero del Opel Corsa.

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